Como comunidad, nos reunimos en Eucaristía, honrando a la Inmaculada Concepción y a la Virgen de Guadalupe, quienes iluminan nuestro caminar con amor y esperanza.

Cada vela encendida, cada oración y cada gesto sencillo —como el de un niño que se arrodilla— nos recuerda que la verdadera luz nace del corazón y se comparte en familia.

Que esta noche renueve nuestra fe, fortalezca nuestra unión y llene nuestros hogares de paz.

Que María, en todas sus advocaciones, siga guiando nuestros pasos.

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